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Declaración de la Alianza Colombiana por la Salud Alimentaria frente a la cumbre de los sistemas alimentarios de las Naciones Unidas

La Alianza por la Salud Alimentaria – Colombia, conformada por más de 30 organizaciones nacionales viene trabajando desde el 2016 para posicionar el derecho a la salud alimentaria, y asimismo en pro de la soberanía y autonomía alimentarias.
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Bogotá 10 de noviembre. Alianza por la Salud Alimentaria Colombia

El modelo de desarrollo actual sólo ha logrado incrementar la concentración de la riqueza a costa de la injusticia y el deterioro ambiental, lo que tiene al planeta al borde del colapso global. Más de 800 millones de seres humanos en el mundo se acuestan cada día con hambre mientras que 3000 millones padecen obesidad en gran parte debido al alto consumo de productos comestibles y bebibles ultra procesados (comida chatarra), elaborada por las corporaciones.


El manejo de la pandemia del COVID 19 ha agravado la situación de empobrecimiento global, y se ha expresado en nuestro país a través del incremento de la inseguridad alimentaria; entre la población vulnerable personas que consumían antes de la pandemia 3 comidas al día pasaron a consumir sólo dos, y quienes consumían dos ahora solo consumen una (DANE,2020). Como Alianza, expresamos nuestro profundo compromiso con la transformación de los Sistemas Alimentarios para que respondan a los problemas de hambre y todas las formas de malnutrición, sean más equitativos, aporten en forma más positiva a la salud planetaria (de humanos y del medioambiente) y valoren
más el aporte vital de los pueblos indígenas, negros, afro, raizales, palenqueros y campesinos a la diversidad cultural, agrícola y alimentaria. A pesar de esto, nos vemos obligados, al igual que cientos de organizaciones y alianzas sociales alrededor del mundo, a rechazar la Cumbre de las Naciones Unidas sobre Sistemas Alimentarios realizada en septiembre de 2021. Consideramos que dicha Cumbre careció de legitimidad social y cultural debido a la actividad política corporativa que logró apoderarse del evento y generó una agenda que representa una amenaza grave para la gobernanza global de los sistemas alimentarios.


La Cumbre de Naciones Unidas sobre Sistemas Alimentarios fue anunciada desde el año 2019 a instancia del Foro Económico Mundial, y desde la precumbre el lobby corporativo y las grandes organizaciones
filantro-capitalistas dominaron la escena, logrando capturar por completo todo el proceso. La participación de las organizaciones campesinas y sociales se redujo a un complicado proceso virtual, marcando un quiebre frente a anteriores cumbres donde se había logrado posicionar aspectos importantes como la Declaración de
los Derechos del campesinado. Además, la estructura complicada de la Cumbre creó confusión y careció de medios claros para que la sociedad civil y las voces del sur global pudieran influir en su diseño y en la toma de decisiones.


En la organización de la Cumbre se obvió el Comité Mundial de Seguridad Alimentaria (CFS) que tiene un panel de expertos y que cuenta con mecanismos bien establecidos de participación para los pueblos indígenas, sectores civiles y privados. Se crearon en la Cumbre estructuras paralelas, demostrando una falta de transparencia en cuanto a decisiones y procesos. Se adoptó, además, un enfoque de “múltiples partes interesadas”, y no un enfoque de “sujetos de derecho”, disminuyendo la responsabilidad de los Estados, y
la rendición de cuentas de actores corporativos que inciden negativamente sobre los sistemas alimentarios y el medioambiente.

En este mismo sentido, hay serias denuncias sobre cómo “los lobbies empresariales que defienden los intereses del agronegocio influyeron y capturaron los preparativos de esta Cumbre”. El objetivo de esta
estrategia es claro: asegurar que los debates se focalicen “únicamente en el enfoque de soluciones de mercado para los sistemas alimentarios”, ignorando soluciones propuestas por sistemas campesinos e indígenas, como la agroecología e incluso desconociendo el informe del relator especial sobre el derecho a la alimentación de las Naciones Unidas Olivier De Schutter, quien plantea que la agroecología reorienta las actividades agrícolas hacia la sostenibilidad al liberar a la producción de alimentos de la dependencia de los combustibles fósiles (petróleo y gas) y contribuye a mitigar el cambio climático aumentando los sumideros de carbono en la materia orgánica del suelo y en la biomasa por encima del suelo, evitando las emisiones de dióxido de carbono o de otro tipo de gas de efecto invernadero.1


Como afirma Perla Álvarez, integrante de la Vía Campesina, es evidente que frente a esta situación “los Estados miembros de la ONU tienen el deber de proteger este organismo de la captura corporativa y garantizar que los titulares de derechos, las y los campesinos, los pueblos indígenas y otras personas que trabajan en las zonas rurales, estén al centro de la Cumbre.”


De acuerdo con las preocupaciones y observaciones anteriormente mencionadas, como Alianza hacemos un llamado al gobierno de Colombia, en su desarrollo de políticas para transformar los sistemas alimentarios:

● A asumir la responsabilidad de liderar transformaciones profundas del modelo de crecimiento económico, antropocentrista y destructor, en esta década decisiva para la preservación de la vida presente y futura de la humanidad.


● A incluir a los pueblos indígenas y campesinos en el centro de la transformación de los sistemas alimentarios, como sujetos de derecho, reconociendo sus prácticas y conocimientos tradicionales y su rol vital en cultivar la mayor parte de nuestros alimentos, y en la conservación de los bienes naturales.


● A tomar en serio a nivel nacional, la promoción de la agroecología y otras formas de agricultura bajas en carbono que no dependan de pesticidas e insumos agrotóxicos sintéticos, supliendo los recursos necesarios para la investigación, capacitación y el apoyo a la producción, y asegurando mercados para estos productos.


● A otorgar debida atención al desarrollo de territorios agroalimentarios con un enfoque de cooperación y cogestión para generar cadenas alimentarias más sostenibles, inclusivas y resilientes.

● A acatar los 10 llamados de la OMS2 a favor de la acción climática para garantizar una recuperación sostenida de la COVID-19, que incorporan, además de la necesidad de transformación de los sistemas de salud, los imperativos de la protección y restauración de la naturaleza como base de nuestra salud, y de financiar un futuro más sano, justo y ecológico para salvar vidas.


● A implementar las normas, los reglamentos y las políticas públicas necesarias para frenar los excesos corporativos, y orientar a los sistemas alimentarios en el sentido de una alimentación saludable.


● A renegociar los Tratados de Libre Comercio (TLC), de forma que se proteja la economía nacional, especialmente la del sector agropecuario, la pequeña y mediana agroindustria, dando prioridad
la soberanía y autonomía alimentaria.


● A tomar en cuenta que el hambre no se resuelve mediante la “intensificación sostenible” de la agricultura sino haciendo frente al problema de desperdicios en los sistemas alimentarios y a las
causas estructurales como la falta de acceso a alimentos, la desigualdad en su distribución, la ausencia de solidaridad y soberanía alimentaria, no habiendo escasez de comida, sino escasez de justicia y un débil apoyo a los pequeños productores.


● A superar el enfoque del “nutricionismo”, el cual propone a la fortificación con micronutrientes y la biofortificación de cultivos como las grandes estrategias para combatir la malnutrición por
déficit de micronutrientes. Según Scrinis3 (2013), el “nutricionismo” presupone que son los nutrientes científicamente identificados en los alimentos los que determinan el valor de los distintos componentes que forman la dieta. El nutricionismo posee un sesgo reductivo en la ciencia, en cuanto a aislar y estudiar factores individuales en forma desconectada de sus contextos, por ejemplo, de los sistemas culinarios y de la cultura.

Citas:

1 Asamblea General de las Naciones Unidas, Informe del relator especial sobre el derecho a la alimentación, Sr. Olivier De
Schutter, 20 de diciembre de 2020.

2 OMS, Comunicado de Prensa, 11 de octubre de 2021: https://www.who.int/es/news/item/11-10-2021-who-s-10-callsfor-climate-action-to-assure-sustained-recovery-from-covid-19
3
Gyorgy Scrinis, Nutritionism: The science and politics of dietary advice. Columbia University Press, New York, USA, 2013